lunes, 30 de marzo de 2009

jueves, 12 de marzo de 2009



Caminamos rotundamente a donde las pautas del destino nos conducían, el camino era eterno, los árboles a nuestro alrededor estaban marchitos, no se veía una luz siquiera ante nosotros, simplemente nos guiábamos tomados de la mano entre la oscuridad, intentando opacar el miedo, intentando vencer el silencio. Los búhos no dejaban de emitir aquel desastroso sonido que hacia tiritar nuestro cuerpo, que intimidaba nuestros oídos volviéndolos sordos a todo ruido externo…Cada paso que daba provocaba en mí una sensación de miedo, de tristeza, sentía que iba directo a la guillotina, con todas las emociones mezcladas que pasaban por mi cabeza, que me hacían pensar en el resto del camino hosco que me quedaba por transitar. En lo único que pensaba, eran las memorias que aparecían en mi mente al recorrer esos caminos tan olvidados, las noches oscuras junto a algo recordado, algo tan innato que venía y aparecía en mi sentido como una chispa de fuego que con el tiempo se desvanecía. No sabía si seguir el camino, o rendirme desolada para que cuando ya no haya escapatoria alguna, me encuentre a mi misma solitaria en el sendero y que mis pisadas marquen calles perdidas, alumbradas por el horizonte inconciente que se posaba en el océano mas profundo. Pasada las seis de la tarde me recosté en el suelo marchito lleno de hiedra, enredaderas y pasto seco, cuando súbitamente percibo una diminuta iluminación que venía de los árboles ajados del cielo. Me sorprendí. Algo inédito percibía mi vista y no aspiraba que fuese una simple utopía…



Inmediatamente me di cuenta que lo que distinguía no era una alucinación, era realidad y por fin lograría salir de ese distrito, el cual me atormentaba y me asustaba de una manera inverosímil. Hacía que cada paso dado fuese como una marca, una huella que dimitía al caminar y que monótonamente me permitía que un momento de desesperación devolverme por el mismo camino y empezar todo desde cero, como ya me pasó anteriormente. Es difícil no caer en eso. Hay que ser fuerte y tener perseverancia para conseguir lo que se desea… Y por eso decidiré caminar solo para adelante y no mirar atrás, para que cuando llegue a mi destino final, yo esté conforme y me alegre de mi fuerza interior que pude adquirir gracias a la fe de seguir y seguir transitando.…Y mi camino comenzó cuando me di cuenta que la luz se movía hacia el sur del cielo, e indiscutiblemente la tenia que alcanzar, pero no sabía hacia donde me llevaba. Era un misterio, aunque no me preocupaba porque mi vida era así, rápida y lenta, con altos y bajos que había que acatar. Caminé mucho tiempo, se estaba haciendo de noche y esa luz cada vez más se hacía brillante. Alumbraba todo el cielo oscuro que envolvía la oscuridad, hasta que de pronto se detuvo.



La luz reluciente estada arriba de mi, era como si ahora yo fuese la estrella y ella mi sectaria. Tenia que caminar sin rumbo hacia delante, solo hacia delante, y la luz me seguía solo si mi marcha estaba correcta ante su mirada externa que permanecía constantemente en mí. En un instante, el ambiente se transmuto. Los animales comenzaron a correr y emitir resonancias inéditas, el viento soplaba muy fuerte y arrancaba algunas yedras del suelo, como una tormenta. La corriente se había llevado mi bolso, el cual tenia recuerdos y versos que escribía de lo profundo, para que cuando alguna lagrima me acompañara en mi aislamiento, se convirtieran en un consuelo. Bueno, además tenia cosas necesarias para mantenerme ese tiempo de soledad y alucinación. Ahora no tenia nada, en unas cuantas horas más me podría morir de fatiga, o no se, con el simple hecho de que ya no tenia nada, solo a esa luz que permanecía quieta y reluciente, me sentía vacía.Ya todo volvió a la normalidad, todo se calmo y por fin pude seguir caminado por la oscuridad que me acompaña. Con un poco de miedo marchaba. No era necesario decirlo, solo al pensar lo que había vivido, mi mente se transformaba y trémulamente no reaccionaba. Seguí, recogiendo ciertas flores silvestres que encontraba en el suelo y cuando presté atención, me di cuenta que detrás de los troncos siguientes, había luz que los alumbraba como una entrada hacia algún lugar desconocido. Corrí lo más fuerte que pude, librando las ramas que reprimían mi camino con las manos. Era una desesperación, pero también era la conformidad insuperable que me permitiría resurgir de ese lugar lúgubre en donde mi cabeza se atrofiaba por lo que pensaba. Llegue, cansada de tanto correr y no podía conceptuar lo que mis ojos veían…



Estaba en un lugar de irradiación baja, todo estaba colmado de polvareda… no había nadie, todo estaba abandonado. No podía creer lo que estaba vadeando, ¡Había encontrado un poblado desertado!, y aunque era difícil de creer, era cierto. Caminé animada pero con innegable incertidumbre de lo que podía haber mas allá de lo que estaba viendo. Tenia turbación, miedo, pero me sentía conforme al saber que descubrí algo que hace muchos años no había sido residido y que también podría aprender muchas cosas de este viaje, que sin darme cuenta se estaba transformando en mi vida…Recorrí en lo profundo del pueblo con paso lento, viendo todo vacío me imaginaba en lo que podía ser ese lugar si hubiesen más personas acompañándome. Habían muchos almacenes en quiebra y todos con mucha polvareda que envolvían los objetos en colores opacos y cafeces que no se lograban distinguir en al ambiente, ya que todo era escuro, desértico. Era muy tarde y no había dormido nada. Tenia sueño, no encontraba ningún lugar conveniente para recostarme sosegadamente sin preocuparme de nada, hasta que llegue a una residencia grande en donde la puerta estaba abierta. Era muy arcaico todo, se notaba que antiguamente ese lugar era fastuoso, pero lo que más me sorprendió era una escalinata grande y ancha que impulsivamente deseaba admirar. Subí muy pausado, en silencio y con nervios, ya que no sabía con lo que me hallaría más arriba, pero estaba convincente de que no me arrepentiría porque lo que estaba viviendo indudablemente jamás lo tornaría a experimentar. Me encontré con un pasillo extenso que tenia muchas habitaciones. Entre a la primera que me pareció adecuada, pero al abrir la puerta me quede sin habla al ver algo inédito…



¿Qué estaba distinguiendo?, no podía ser. Me aproximé espaciosamente con aprensión. Ya no sabía que pensar de esta historia. Me estaba aterrorizando y mi instinto no me reanimaba, no comprendía lo que estaba sucediendo. Afirmada en una poltrona de trasto estaba mi muñeca de cuando era pequeña; pero en realidad no era un simple juguete, detrás de esto había un neurálgico hecho que marcó mi vida y que posiblemente ahora me hacia circular por esos caminos apartados en donde podría olvidarme de eso. Quizás por eso estoy aquí… sola, sin compañía de nadie y con temor por esa muñeca que no debería estar en este lugar, pero está aquí al lado mió, observándome con sus ojos de porcelana negra que siempre me hacían sonreír… Como una tarde de otoño que decidí ir a jugar al jardín, y me encontré una llave enmohecida soterrada en la tierra. La lleve dentro de mi habitación y me di cuenta que calzaba justo en un cofre que llamaba mi atención, pero que siempre lo observaba desde lejos, porque mi madre no le gustaba que me introdujera en sus cosas. Como vi que no había nadie, decidí abrirlo y al encontrar una brújula, mi entusiasmo bajó y me desilusione de lo que había encontrado. La brújula era dorada, creo que de buen material y siempre apuntaba hacia el norte. La seguí como si fuera mi guiador, igual que la luz para llegar hasta aquí, y sospeche que me llevaría al bosque. Así fue, entré en lo mas oscuro del boscaje hasta llegar a un lugar pacifico en donde había una especie de “tumba” de cemento que cubría las enredaderas del suelo; en una roca encontré a mi muñeca perdida con una sonrisa inigualable que siempre llevaba. Decidí marcharme, pero mi intuición me decía que no. La brújula y la muñeca desaparecieron. Me quede sola y en ese mismo instante vi a padre rodeado de sangre. Muerto.